Comprarle al Aqueronte sus monedas de plata,
oro y bronce (anticipando la escasez),
y adornar la barca glamorosa que surcará la Estigia,
en la delgada linea que separa el cielo y el horizonte,
y el vestido de gala rojo pronto que hace el regocijo.
Solfeo de notas grises en un cielo de escarcha,
el sol compendia el canto y releva el helaje,
tanto sentir la brisa y las hojas rojizas,
tanto sentir la vida, tanto vivir, tanto decir amen ahoga el alma...
El desierto, una angosta franja en mi piel que anticipa
el estertor final de la carne reseca
el polvo eterno incólume como arena de estrellas
que se mezcla en la tierra y sube, sube al cielo y se escapa
Hasta aqui llega el hilo que estiró la dicha
reclamante constante de ajenas pertenencias
quiso atrapar la noche en sus fibras de acero
pero el metal bruñido se resistió a su alma
oro y bronce (anticipando la escasez),
y adornar la barca glamorosa que surcará la Estigia,
en la delgada linea que separa el cielo y el horizonte,
y el vestido de gala rojo pronto que hace el regocijo.
Solfeo de notas grises en un cielo de escarcha,
el sol compendia el canto y releva el helaje,
tanto sentir la brisa y las hojas rojizas,
tanto sentir la vida, tanto vivir, tanto decir amen ahoga el alma...
El desierto, una angosta franja en mi piel que anticipa
el estertor final de la carne reseca
el polvo eterno incólume como arena de estrellas
que se mezcla en la tierra y sube, sube al cielo y se escapa
Hasta aqui llega el hilo que estiró la dicha
reclamante constante de ajenas pertenencias
quiso atrapar la noche en sus fibras de acero
pero el metal bruñido se resistió a su alma
12-12-2012 Bogotá