Esta hermosa ciudad solo tenia para mi el sabor que le dabas,
le dabas sentido a esas trepadas
exhaustantes al Monserrate vigilante
a la trepidante euforia de la noche de un viernes
cuando noctámbulos y eufóricos
explorábamos desde el Barrio de la nueva Candelaria
a la vieja Candelaria,
la de la mística y añeja bohemia de rústicos poetas
donde sentíamos los olores nocturnos
de la ciudad bullente con su desaforada alegría
en el titilar lejano de bombillos
de una noche de luna llena
y la salmodia fragorosa de un concierto de miles de canciones entremezcladas
se colaba en nuestros cuerpos para asirnos uno a otro
al ritmo predilecto de los que aman la noche,
la ciudad significaba tu en esos parajes
en los que explorábamos la vida
al son del palpitar del corazón.