Cuando miro mi cuerpo en el espejo
Me asusta mi esquelética figura
Mi delgadez, mi palidez cetrina
Me hacen imaginar que ya estoy muerto
Mi bronca calavera configura
Sus chuzos y sus huesos en mi cara
Y mi quijada remeda la figura
De lo que será mi eterna carcajada
Mis cuencas sin los ojos por la sombra
Que producen ojeras de trasnocho
Dan la apariencia de inmortal ceguera
De la muerte eterna compañera
Y que decir del resto de mi cuerpo
Quijotesco a fuer de muchos huesos
Estéril y sediento cual desierto
Y cubierto de infinitos resquicios
Y de cactus y agujas y de dunas
Seco, poroso, elástico y mañoso
Rapé, amarillo y negro y cadencioso
Y compañero eterno de mis penas.